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ORIANA FALLACI

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PROTAGONISTAS 

 
  

Oriana Fallaci, la provocadora mundial

15/09/2006  MARÍA RAMÍREZ EL MUNDO

 

        

 

Oriana Fallaci. (Foto: AP)

Durante casi una década, Oriana Fallaci desapareció para el mundo. Aquella periodista a la que no se resistía ningún entrevistado, fuera Yasir Arafat o el ayatolá Jomeini, se había convertido en una sombra en mitad de Manhattan, encerrada en su apartamento, sin contestar al teléfono o a la puerta. En los últimos cuatro años, desde la publicación de sus invectivas contra el Islam o la homosexualidad, la autora había vuelto a responder al teléfono.

Al otro lado de la línea, podía estar un policía para controlar que se encontraba bien -había recibido varias amenazas de muerte- o Ariel Sharon para felicitarla por sus ideas.

Fallaci seguía viviendo sola entre Florencia y Manhattan, aislada en su casa la mayor parte del tiempo y sin apenas relación con nadie. "Para que te abra la puerta, debes hacer algún tipo de señal porque tiene miedo de que intenten matarla", explicaba uno de sus pocos visitantes en los últimos años.

Pocos sabían que Oriana había vuelto a su ciudad natal, Florencia, acorralada por el cáncer que padecía desde hace años.

Sus tres libros, nacidos de artículos publicados en el 'Corriere della Sera' y la revista 'Panorama' después del 11 de septiembre de 2001, han vendido cerca de un millón de copias, cada uno, en Italia. El único lugar donde no tienen ese éxito es justamente el que supuestamente ella trata de defender, Estados Unidos, donde 'La rabia y el orgullo' apenas vendió 40.000 ejemplares tras su lanzamiento. 'La Trilogía de Oriana Fallaci' incluye sus libros actualizados con las novedades informativas, en particular la posdata titulada 'El Apocalipsis', en el que Oriana Fallaci se entrevista a sí misma.

La celebridad del personaje y el éxito de ventas compensan sus excentricidades a los editores que pasan por la experiencia de tratar con ella. Cuando escribió la primera serie de artículos contra los musulmanes, Fallaci se negó a mandarlos por e-mail, fax, correo o cualquier otra forma de comunicación normal a Milán, la sede central del 'Corriere'. Pedía que el director viajara hasta Nueva York para recoger su manuscrito. Finalmente, aceptó que fuera un enviado de confianza, que, pocos días después del 11-S, cuando volar era aún muy problemático, cumplió la delicada misión.

En Italia y en Europa (sobre todo en Francia), sus ataques han resultado muy rentables. Según ella, vende porque es la única que se atreve a decir que "el rey está desnudo", como el niño en la fábula. "La gente está sola en Occidente", escribe, "nadie les dice las cosas que yo digo y han encontrado esta madre que les cuenta la verdad. Son ellos los que se compran a sí mismos. Les digo lo que piensan y no saben que piensan".

 

        

 

Oriana, en México, el 15 de octubre de 1968.
(Foto: AP)

   

Según 'Oriana Fallaci se entrevista a sí misma', lo que piensa la gente sin saberlo vuelve a ser que el Islam moderado no existe, que los inmigrantes invaden y violan la cultura europea e incluso que la política española se rige por un grupo de presión que ha pasado inadvertido para la mayoría.

"No hay más que pensar en el voto masivo con que en América [los gays] chantajearon a Clinton y con el que en España han chantajeado a Zapatero. Tanto, que la primera decisión que Clinton tomó nada más ser elegido fue meter a los homosexuales en el ejército, y una de las primeras tomadas por Zapatero fue el de darle la vuelta al concepto biológico de la familia, es decir autorizar el matrimonio y la adopción gay", escribe la autora.

Fallaci presenta una curiosa y, sin duda, inédita teoría sobre las elecciones del 14-M. Probablemente será una noticia para José Luís Rodríguez Zapatero o para Cogam, uno de los principales grupos de defensa de los derechos homosexuales en España, que el actual presidente ganó los comicios gracias al lobby gay español.

La ex reportera consideraba al presidente de EEUU demasiado de izquierdas para su gusto. Aunque dijo respetar "la dignidad que había sido olvidada en Estados Unidos durante ocho años" y que, según ella, Bush había devuelto a la Casa Blanca. Cada vez que lo escuchaba decir que el Islam es una "religión de paz", Fallaci gritaba "¡Cállate, Bush! ¡Cállate Bush!", según dijo al 'New York Observer' hace tres años.

Ella, en cambio, adoraba a Laura Bush, el prototipo de mujer tradicional y que, según la italiana, se parece mucho a su madre. Cuando la vio por primera vez en televisión -según contó al 'Observer'- exclamó: "Mamma, mamma".

Los años gloriosos de la periodista fueron los 70 y 80, cuando consiguió entrevistar a todos los grandes políticos de la época. La florentina -hizo de su bella ciudad natal parte de su cruzada contra la cultura árabe- consiguió lo que pocas mujeres a finales de los años 50 en la prensa italiana: ser enviada internacional. Desde 1967, trabajó como corresponsal de guerra, en Vietnam, Pakistán, Oriente Próximo y Latinoamérica.

Entrevistó a Indira Gandhi, Willy Brandt, Yasir Arafat, el ayatolá Jomeini, Arthur Miller, Martin Scorsese o Clark Gable, entre muchos otros. Consiguió que el presidente paquistaní Zulfikar Ali Bhutto criticara tanto a Gandhi en 1972 que un tratado de paz entre Pakistán e India estuvo a punto de romperse por esas declaraciones.

Entonces, reconocía una subjetividad y conexión personal con sus entrevistados que escandalizaban a la prensa anglosajona, que la definía, por cierto, como izquierdista. Sus técnicas periodísticas eran "controvertidas", según los periódicos de EEUU, partidarios de un estilo donde el entrevistador no es protagonista.

La modestia nunca fue precisamente una virtud de Fallaci, quien atribuía su brillantez a su personalismo. "Cada entrevista es un retrato de mí misma", declaró al semanario 'Time' cuando aún estaba en activo: "Son una extraña mezcla de mis ideas, mi temperamento, mi paciencia y todo esto guía las preguntas".

Henry Kissinger definió en una ocasión la entrevista que le hizo la italiana como "la conversación más desastrosa que he tenido nunca con un miembro de la prensa". Fallaci, que solía llamar "bastardos" a sus entrevistados, está bastante de acuerdo.

Sus libros de aquellos años, resultado de su vasta experiencia, nada tenían que ver con sus últimas expresiones de rabia, como ella misma definía. Entre sus novelas, 'Un hombre', que contaba la historia de Alekos Panagoulis, un héroe de la resistencia griega y su amante en los 70 (tras una entrevista); e 'Inshallah', publicado en 1990, que novelaba la historia de las tropas italianas en El Líbano.

Sus bestseller incluyen 'Entrevista con la historia', un clásico del periodismo con sus grandes conversaciones con políticos y actores, y 'Si el sol muere', sobre la exploración espacial de Estados Unidos.

Desde los 90, permaneció lejos del periodismo y en absoluto silencio, aislada y sola en su casa de Manhattan, entre otras cosas por su lucha contra el cáncer de pecho. En los últimos años se dedicó a los comentarios ocasionales contra sus bestias negras y a escribir su gran novela, en la que llevaba años trabajando, y dijo que únicamente se movería por entrevistar al terrorista más buscado. "La única persona en el mundo por la que traicionaría mi promesa de no tener nada que ver con el periodismo" es Osama Bin Laden, se contestaba a su propia pregunta.

Tras el 11-S, Christiane Amanpour, una de las enviadas estrella de la CNN y que, de joven, consideraba a la italiana "una inspiración", llamó desde Londres a su amiga Oriana y le dijo que intentara entrevistar a Bin Laden. "Si alguien lo puede conseguir, eres tú", comentó entonces Amanpour, cuenta una fuente cercana a Fallaci. "¿Y qué le preguntaría, a Bin Laden, si lo entrevistara?", se interroga a sí misma en su último libro. "Le sorprenderá", se contesta, "empezaría interrogándolo sobre su infancia y adolescencia [ ]. Le preguntaría, por ejemplo, sobre el día en que, apenas cumplidos los 16, fue al palacio real para ver a su compañero de juegos, es decir su amigo príncipe. Y ya que el rey Faysal estaba muerto, no le dejaron entrar". Fallaci se asegura a sí misma que cree haberlo visto de pasada, una vez, en Beirut, en los años 80. "Habíamos visto al Diablo, querida", se dice, "habíamos visto a Satanás. Habíamos visto al Monstruo con siete cabezas y diez cuernos de quien habla el evangelista Juan. Y nos había dado miedo. Mucho miedo".

Cuando el 'New York Times Magazin'e le preguntó en 2003 si le gustaría entrevistar a Bin Laden, la autora dijo que no, pero le dedicó palabras de cierto reconocimiento: "Aunque él es el enemigo, tiene cierta dignidad en su posición, un poco como Jomeini. Paradójicamente, siempre sentí que Bin Laden me hablaría. Pero no, no tengo tiempo para excepciones".

Tanto 'La rabia y el orgullo', como 'La fuerza de la razón' y otra obra más, 'El apocalipsis', pueden encontrarse en España editados por La Esfera de los Libros.

Oriana Fallaci murió el 14 de septiembre, en Florencia, a los 77 años.

 

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